Es más fácil ver las estrellas si te alejas de la ciudad. Entonces en la oscuridad te darás cuenta de cómo brillan, que siempre están ahí, pero nunca las ves. Lo mismo sucede con Dios. Alejada de la vida diaria, de mi rutina, lo encontré. A decir verdad Él me encontró a mí y yo simplemente decidí seguirlo.
LO MALO:
Hasta en los lugares más santos, está el mal, el diablo al acecho, queriéndonos alejar de Dios. La familia más delicada de mi campamento, la que no le gustaba las incomodidades, fueron los últimos en quitar su casa de campaña. Todos empezamos a ayudarles a quitarla, y al levantar la casa, nos dimos cuenta que debajo de ella estaba una enorme rata, que ellos mismos mataron sin darse cuenta y estuvo quien sabe cuántos días ahí muerta. Pero el conocer a Dios y transmitir su palabra es más fuerte que nada, y la familia regreso en la siguiente Misión.
LO MEJOR:
Al momento de alejar nuestra mirada de una pantalla (tv,
computadora, teléfono) te encuentras con la mirada de Cristo: en cada niño,
cada ancianita que te abraza cuando llegas a su casita y te busca un bote, la
mejor silla, mientras ella se sienta en una piedra; el darte cuenta que las
personas te ven, te sienten como un verdadero discípulo de Jesús, y cuando te
escuchan, iluminado por el Espíritu Santo, decir cosas que no sabías, llena tu
corazón de una gran paz, una alegría inmensa que nunca había experimentado, que
nunca más querrás alejarte de Él.